25 junio 2010

Schumann, Concierto para Violonchelo y Orquesta




En septiembre de 1850 Robert Schumann llegó a Düsseldorf acompañado por Clara y sus hijos, para ocupar el puesto de director de la orquesta y coros locales. Una nueva y esperanzadora etapa parecía abrirse en sus vidas y tal vez influenciado por ello, el compositor escribió en apenas dos semanas, entre el 10 y el 24 del mes de octubre siguiente, el Concierto para Violonchelo y orquesta en La menor, opus 129.

Desde que Joseph Haydn compusiera en 1783 su concierto nº2 para violonchelo y orquesta, ningún compositor había escrito otro para este maravilloso instrumento. Schumann, que desde 1849 ya tenía algunas ideas al respecto, tituló en principio su obra como "Konzertstück" (pieza de concierto) aportando innovaciones e ideas originales en la composición que la diferenciaban un tanto del tradicional concierto clásico.

El 23 de marzo de 1851 tuvo lugar una audición privada con Christian Reimers al violonchelo y acompañamiento de piano. En mayo de este mismo año estaba previsto su estreno en Düsseldorf, pero Schumann tuvo discrepancias con el solista Robert Emil Bockmühl el cual proponía modificaciones en la obra que el compositor no aceptó.
La partitura se publicó en 1854 por Breitkopf & Härtel y el concierto no se interpretó públicamente hasta cuatro años después de la muerte de Schumann, el 23 de abril de 1860 en Oldenburg.
El estreno oficial tuvo lugar en el Konservatorium de Leipzig el 9 de junio de 1860, en un concierto homenaje a Robert Schumann en el 50 aniversario de su nacimiento. Tocó como solista el violonchelista Luis Ebert.

El Konservatoriun de Leipzig, fundado por Félix Mendelssohn

La composición se articula en tres movimientos, ricos en ideas melódicas y donde se manifiesta la impronta inconfundible del genio de Schumann. Al igual que la cuarta sinfonía, se suceden sin solución de continuidad, es decir no hay separación entre ellos y el violonchelo resalta esencialmente sobre la tenue estructura orquestal. Tanto en el primero como el tercer movimiento el solista dialoga con la orquesta sin oposición y con acento casi camerístico; el movimiento central se caraceriza por una cálida línea melódica.

El Concierto para violonchelo de Schumann fue criticado por la aparente fragilidad de su orquestación y del desarrollo de la parte solista, idea que incluso persiste hasta hoy. Sin embargo, es innegable la influencia que tuvo sobre las obras posteriores para este instrumento, de autores como Saint-Saëns, Tchaikovsky, Lalo, Dvorak y Elgar, junto a las cuales ha gozado siempre de la preferencia de los intérpretes más famosos.
El oyente sensible puede percibir en esta música profundos sentimientos y emociones que nos comunica su autor y que están muy por encima de lo que pueden expresar las palabras, esto nos compensa con creces de una mayor, pero fría perfección técnica.

La instrumentación es la siguiente:

Violoncelo, solista. 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagottes, 2 cuernos, 2 trompetas, timpani y cuerdas.

Y los movimientos:

Nicht zu schnell (Non troppo allegro)
Langsam (Adagio)
Sehr lebhaft ((Molto vivace)

Jarro con peonias, pintura de Henri Fantin-Latour


Robert Schumann, Concierto para Violonchelo y orquesta en La menor, opus 129

2 comentarios:

Sandrahess dijo...

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Richard dijo...

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