27 noviembre 2010

Schumann, Concierto piano y orquesta



La vocación de Robert Schumann por el piano le movió pronto a componer un concierto para este instrumento, pero según algunos de sus escritos, no se sentía satisfecho con las formas tradicionales de la época. A los dieciocho años comenzó a componer uno y poco después otro, sin acabarlos. En 1839 nuevamente hizo algunos bosquejos y finalmente en 1841 dio por teminada una obra de un sólo movimiento a la cual puso el título de Fantasía para piano y orquesta, en La menor.
Su esposa Clara interpretó la pieza el 13 de enero de 1841 en la sala Gewandhaus de Leipzig, pero al parecer nadie se interesó en la obra y Schumann puso esta nota en la partitura: "Vender a cualquier editor". Así estuvo olvidada algún tiempo, hasta que Clara hizo algunas sugerencias a su esposo y éste compuso el Intermezzo y el Rondó final para completar la Fantasía. El estreno del Concierto en La menor, tuvo efecto el 4 de diciembre de 1845 en Dresden, con Clara como solista y la dirección de Ferdinad Hiller. La obra fue acogida favorablemente, recibiendo buenas críticas de los periódicos Leipziger Allgemeine Musikzeitung y del Dresdner Abendzeitung.



Dresden a finales del siglo dieciocho (Cuadro de Bernadetto Bettolo)

Clara Schumann escribió poco después respecto a la obra: "Tan rico en invención, interesante de principio a fin, lleno de frescura y bellamente cohesionado como un todo ... El piano no es sólo un solista sinó un instrumento más tejiendo la música con la orquesta... no se puede pensar en uno sin el otro".
Durante toda su carrera como pianista, Clara tocó el Concierto en La menor con el deseo de que fuera conocido ampliamente y aceptado por el público, siempre reticente a la música de Schumann. En 1859, un estudiante del Conservatorio de Leipzig llamado Edvard Grieg escuchó a Clara interpretarlo y más adelante se inspiró en él para componer su propio y también muy bello y conocido concierto.

Por diversas razones, el Concierto para Piano de Schumann constituye posiblemente la obra cumbre de su producción. El tema básico de su desarrollo es el sentimiento de dos personas enamoradas, su anhelo de felicidad y dicha, la pasión que lo inspira.
Con frecuencia se argumenta que el punto débil de la obra está en su orquestación, cuando lo admirable de ésta es su perfecta claridad; el cometido de la orquesta consiste en apoyar la actuación del solista, lo cual cumple perfectamente. Considerado una partitura de especial dificultad para el pianista, musicalidad, estilo y sensibilidad, son más necesarios que el deslumbramiento técnico o mecánico. La personalísima orquestación que utilizó su autor contribuye al ámbito intimista de la partitura, alejada de cualquier veleidad de efectismos vulgares.

La casa de Schumann en Zwickau, hoy convertida en museo

El Concierto de Schumann ha llegado a ser el más representativo de la época romántica y a fi.gurar como uno de los importantes y esenciales en el repertorio del piano. La mayoría de los grandes pianistas lo ha interpretado y el inolvidable Dinu Lipatti, ferviente admirador del mismo, lo tocó en su última aparición pública poco antes de morir.

Se acostumbra a citar sus tres movimientos: Allegro affettuoso, Intermezzo y Andantino grazioso-Allegro vivace, aunque el segundo no ofrece ruptura con el tercero. Schumann prefería que se enunciara con sólo dos movimientos: Affetuoso allegro y Andantino y Rondó.
Desde el punto de vista formal, el primer movimiento plantea algunos problemas. No es posible analizarlo de acuerdo a los moldes clásicos de la forma de concierto; sería más exacto situarlo como un nexo de unión entre la forma de concierto y la Fantasía. Lo que dificulta su análisis es el tener que aceptar como entidades separadas dos temas idénticos, que son los motivos primero y segundo. La postura más lógica, dada la originalidad del movimiento, que no se ciñe estrictamente a ninguna fórmula clásica, sería aceptarlo tal como es.



La Sala Gewandhaus de Leipzig, hacia 1850

Con un torrente de acordes descendentes, el piano inicia el primer movimiento ofreciéndonos un pasaje apasionado. Los instrumentos de viento y las trompas anuncian la idea central, que pasa inmediatamente al solista, sigue un tema subsidiario en las cuerdas y una serie de combinaciones y diálogos con la orquesta. El piano y varios instrumentos más tejen un sin fin de exquisitos motivos en torno al tema principal. Finalmente, la mayor parte del material anterior nos ofrece una recapitulación con ciertas modificaciones y desarrollos, mientras la cadenza, sin entrar en una complejidad extrema, permite al solista un pleno lucimiento y al mismo tiempo aportar características nuevas al movimiento, desarrollándose de forma bastante libre.



El hermoso Intermezzo comienza en Fa mayor con uno de los diálogos más encantadores entre solista y orquesta. Una modulación a la dominante (Do mayor) trae a los cellos una melodía típicamente schumanniana, que tiene una considerable elaboración antes de regresar al tema principal del primer movimiento y conduce inmediatamente hacia el final.
La melodía en La mayor con que arranca el último movimiento, está claramente emparentada con el tema principal del primero. Otros fragmentos temáticos no escuchados con anterioridad, conducen al segundo tema en Mi mayor, uno de los famosos ejemplos de melodía sincopada de Schumann. El tema produce un efecto de ritmo doble, aunque en realidad está compuesto en tres tiempos. Los temas subsidiarios no tardan en aparecer, sobre todo una frase en el oboe, y el movimiento pasa a discutir la totalidad del material con absoluta claridad.
Después de la recapitulación, el piano introduce una nueva idea con rápidas corcheas que ayudan considerablemente a construir la coda. Sería difícil encontrar otro final de concierto que consiga mantener un clima de sereno alborozo de principio a fin, con resultados tan felices, como éste.

Martha Argerich nos ofrece el Concierto en La menor, opus 54, de Robert Schumann

2 comentarios:

Quinøff dijo...

Lamento haber tardado en venir a decirte lo mucho que me gustó este post sobre el concierto para piano de Schumann, como siempre perfectamente presentado y explicado. Te felicito especialmente por la imagen "de cabecera" que usas para este post, con Robert y Clara apoyando sus cabezas entre sí.
Un abrazo
J.

Isidro Irazusta dijo...

¿Cuáles son las mejores versiones del concierto para piano de Schumann? Muchas gracias.