15 agosto 2010

Brahms, Doble Concierto violín y violonchelo


En 1887, cuando tenía cincuenta y cuatro años, Johannes Brahms compuso la que sería su última obra orquestal: El Concierto para violín, violonchelo y orquesta en La menor opus 102.
Brahms era entonces un compositor plenamente reconocido y admirado, autor de las cuatro sinfonías, el concierto para violín, los dos conciertos para piano y orquesta, las dos serenatas, el Requiem Alemán, otras importantes obras y la mayor parte de su música para piano y cámara. Sin embargo, el Doble Concierto como también se llama al opus 102 tuvo tan mala acogida de parte de público y críticos, que sin duda desalentado por ello dedicó la década final de su vida a la música de cámara, su favorita, creando quizá como un pequeño desafío de su talento algunas de sus mejores composiciones.

Brahms compuso su opus 102 durante sus vacaciones de verano, en medio de los espléndidos paisajes de Oberland y del Lago Thun (Suiza). La grandiosidad y belleza de la naturaleza siempre inspiraron al compositor, como ya había sucedido con otras obras anteriores. No obstante, esta vez Brahms escribió la partitura con un fin determinado: dedicarla a su gran amigo el violinista Joseph Joachim y poder reconciliarse con él

Un paisaje de Oberland (Suiza)

Cuando tenía veinte años y buscaba como orientar su vocación por la música, Brahms había conocido a Joachim que lo aconsejó y recomendó primero a Listz y después a Schumann. Desde entonces se convirtieron en los mejores y más grandes amigos, hasta que un inesperado suceso interrumpió aquella amistad. Joachim entró en sospechas de la infidelidad de su esposa Amelie con el editor musical Simrock y quiso separarse de ella; Brahms trató de reconciliarlos, pero se puso a favor de Amelie y le escribió una carta expresándole su apoyo y confianza en aquellos momentos. En el proceso de divorcio que tuvo lugar más adelante, ella mostró la carta como una prueba de su inocencia y la consecuencia de todo ello fue el cese de la amistad entre Joachim y Brahms.

Como le ocurría a menudo, Brahms tuvo muchas dudas acerca de la obra antes de que llegara el día del estreno. La elección de la combinación de instrumentos solistas fue algo fuera de lo corriente (Sólo Beethoven se atrevió con su triple concierto), planteándose con ello ciertos problemas de balance entre el violonchelo y el más billante y flexible violín y entre ambos instrumentos y la orquesta; este último aspecto fue solventado por Brahms adoptando una orquestación más ligera que la usual en los pasajes de acompañamiento.
Joachim y Amelie
Y, sin embargo, mostrándose tan plenamente confidente cuando componía para su propio instrumento, el piano, en esta ocasión fue acosado por preocupaciones cuando tuvo que enfrentarse con la técnica de cuerda solista. Escribió a Clara Schumann que el concierto necesitaba ser revisado por "alguien que entienda de violines más que yo". Envió su manuscrito a Joachim como ofrecimiento de paz y éste lo aceptó de buena gana y no mostró reparos en sugerir revisiones a las partes de los solistas, pero Brahms no quería un concierto de virtuosismo, sus ideas iban más allá y procedió a efectuar nuevas versiones por si mismo de los pasajes más comprometidos.

El estreno del Doble Concierto tuvo lugar en Colonia en el mes de octubre de aquel mismo año, dirigiendo Brahms y con Joseph Joachim y Robert Hausmann como solistas.
El concierto se repitió en varias ocasiones durante la temporada 1887-88, con los mismos intérpretes. Después Brahms entregó el manuscrito a Joachim con la anotación "para aquel para el cual fue compuesto".

En torno a esta obra surgieron grandes polémicas a pesar de que más tarde sería considerada como clásica. Esta página sorprende por una serie de características originales, de particularidades y de rasgos que en principio extrañaron a los auditorios y que hoy aceptamos plenamente.
La acogida que en su tiempo tuvo el Doble Concierto fue negativa, tanto más, cuanto se cometió un error en la interpretación. Comparado con los románticos conciertos de bravura, en los que el solista era considerado como el héroe, la obra de Brahms en la que había mucha polifonía y abundante temática, debió de ser considerada como rara y poco convincente.

Las partes de solista requieren buenos intérpretes, sin embargo, ésta parece no estar pensada para una presentación pública con el consiguiente lucimiento de los mismos. La forma es concisa y resumida y el resultado fue que dos conocidos autores como Specht y Niermann consideraron el Doble Concierto como "una de las más inaccesible obras de Brahms, de menos humor" y como "una obra compuesta según unos severos y polífonos puntos de vista; como un documento de poca repercusión". Incluso su gran amiga y confidente Clara Schumann, tuvo una reacción poco favorable comentando "que era poco brillante para los instrumentos"(!). Sorprende un poco esta apreciación de Clara y no sabemos si fue al leer la partitura, ni si más adelante rectificó su opinión.

Resumiendo: En un tiempo de desenfrenado romanticismo e inquebrantables sentimentalismos debía haberse despertado de algún modo la exigencia intelectual de Brahms. En realidad, la obra es el resultado de la lucha a lo largo de una vida en la que Brahms trata de esconder sus agitadas emociones detrás de severas y controladas formas clásicas. Sólo él podía arriesgarse a componer según unas estructuras cuyas exigencias encuadrasen en tan deseado plan, y crear una obra en la que los intérpretes debieran compartir la temática y la libertad de movimientos.

El Lago Thun

Leamos lo que Lionel Salter escribió sobre esta obra.
Primer movimiento - Allegro.

El concierto se inicia con un "tutti" orquestal de cuatro compases que perfila el eventual tema principal del movimiento; el violoncelo recoge las tres últimas notas y se lanza adelante en un recitativo impasible y sin acompañamiento, pero en el tiempo justo, tal como está señalado. Los instrumentos de madera presentan gentilmente el germen del segundo motivo (en tonalidad mayor), el cual es tomado por los violines, quienes a su vez lo desarrollan en forma de rapsodia antes de que se les una el violoncelo en un extenso diálogo. Tan sólo después de esto comienza finalmente el curso del primer movimiento.

Los motivos principales son ampliamente contrastados en carácter, siendo el primero desafiante y apasionado y el segundo cálidamente lírico. Entre ambos, en la presentación inicial de la orquesta de este material, aparece una figura agitada y sincopada, la cual puede escucharse más tarde. Ambos motivos son luego re-expuestos por los solistas en sus propios términos antes de conducir a una breve sección de desarrollo y recapitulación. Ello culmina en un triunfante retorno del segundo motivo en forma de canción; pero Brahms en la coda tuerce la forma de regreso a la del comienzo y la tonalidad de vuelta a menor.


Segundo movimiento - Andante.

Un toque de trompa en cuarta ascendente, con una respuesta en los instrumentos de madera, se convierte en las cuatro primeras notas del tema principal del "Andante", una amplia melodía cantada por los dos solistas en octavas (el intelectual Brahms no puede resistir la tentación de usar también el motivo en forma invertida). Al cesar la melodía, hay un abrupto cambio de de tonalidad -Clara Schumann deploraba en su diario el aparente deseo de Brahms de no demorarse en pasajes que proporcionaban puro placer- y los instrumentos de madera brindan un nuevo y emocionante tema del cual se apropian los solistas. Al final de esta sección la trompeta toca las dos notas que señalan el comienzo, los solistas responden y tras una breve cadencia conducen de regreso al tema en re mayor. Finalmente, hay una coda que se refiere a la sección media y a la ascendente figura en cuartas.




Tercer movimiento
- Vivace non troppo-Poco meno allegro-Tempo primo.
El final es vigoroso y pleno de buen humor ostentando un fuerte sabor de elementos zíngaros, los que a través de la vida de Brahms ejercieron gran influencia sobre su música. La forma del movimiento es un rondó-sonata con el tema zíngaro (a) dictando la forma general. El segundo tema (b) es de un estilo más dignificado, siendo primeramente anunciado por el voloncelo en doble pausa. Después del regreso del motivo zíngaro los solistas se embarcan en una nueva y enérgica idea, la cual finalmente decae para permitir a los instrumentos de madera introducirse con un gentil episodio, mientras los solistas le acompañan con figuras arpegiadas. Hay algo de desarrollo, luego una exposición del primer motivo antes del triunfal retorno del tema original del violoncelo. Esta forma se sustenta hasta el final, pero la última palabra se concede a los zíngaros, si bien ahora arropados de manera más formal y civilizada.

Eschuchemos este magnífico Doble Concierto, opus 102 en una buena versión.

4 comentarios:

Quinøff dijo...

Sí, por supuesto, era inevitable que yo acudiera a una cita con Brahms, pero lo hago por el placer de leer lo que tan bien escribes. Felicitaciones por ello.

Sólo me quedó una duda. Cuando dices "las partes de solista requieren buenos compositores", ¿no te referirás más bien a "intérpretes"?

Un gran saludo, como siempre
J.

Classic Musica dijo...

Tienes razón, me habré confundido porque siempre escribo con prisas.

Esta obra es una de mis grandes favoritas, el diálogo que sostienen el violín y el cello siempre me embelesa y no será que no la haya escuchado veces...

Por cierto, no me has dicho que te pareció la "Fantasiestücke" por Arrau, creo que es tu pianista favorito.

Gracias por la visita y saludos.

Mauro Lara dijo...

Felicitaciones por el blog. Hace tiempo buscaba uno así. Ya me he suscrito. Saludos

Classic Musica dijo...

Muchas gracias, un saludo también para tí.