07 diciembre 2013

Tchaikovsky, La bella durmiente (The Sleeping Beauty)



La historia del ballet, en Rusia, y en el mundo entero, habría seguido otro curso sin La Bella Durmiente del Bosque. Los mismos Ballets Rusos no habrían visto la luz si esta obra no hubiese suscitado en nosotros un entusiasmo irresistible, una especie de delirio. (Alexandre Benois: pintor, diseñador y crítico de arte ruso).

Conocida es la predilección que Tchaikovsky sentía por el ballet. Cuando en el estreno de su Cuarta Sinfonía hubo críticas por considerar que la partitura abundaba excesivamente en música de ballet, Tchaikovsky comentó que no entendía por qué el concepto de "música de ballet" sufría tal desprestigio.
En 1881, por la época en que Vsevolozhsky fue nombrado director de los Teatros Imperiales de Petersburgo, a pesar de ser éste un brillante director de ballet, el género había decaído a un nivel artístico muy bajo, el vestuario era ramplón, los decorados vulgares y la música habitualmente pobre y sin inspiración. Hombre inteliente, culto y de amplias miras, Vsevolozhsky estaba decidido a elevar el nivel artístico del ballet por encima de todo. Para ello, en 1886 se puso en contacto con Tchaikovsky, sugiriéndole un ballet sobre el argumento de Undine, pero aunque el propio compositor sentía una particular predilección por este tema sobre el cual intentó componer una ópera en 1869, de nuevo falló su inspiración y el proyecto no llegó a cuajar.


Dos años más tarde, en mayo de 1888, Vsevolozhsky, imperturbable, volvió a proponerle otro tema, el de La Bella Durmiente del Bosque, con la promesa de escribirle personalmente un boceto basado en el famoso cuento de Perrault. El proyecto consistía en escribir un ballet al estilo de la época de Luis XIV, con melodías inspiradas en los modelos aportados por Lully, Bach, Rameau, y otros compositores del Barroco. El inevitable "divertissement" del último acto consistía en una serie de danzas bailadas por otros personajes de cuentos de Perrault: El gato con botas, El gato blanco, El pájaro azul, Cenicienta, Príncipe azul, Princesa Florine, Caperucita Roja y El lobo gris, Pulgarcito, sus hermanos y el ogro.

En el mes de julio, Tchaikovsky recibió el guión de Vsevolozhsky, pero sin que lo acompañaran las instrucciones que debían venir del director del ballet Marius Petipa. Después de su poco afortunada experiencia con el estreno de El Lago de los Cisnes, Tchaikovsky tenía razones para insistir en que se le dieran todas las instrucciones necesarias antes de ponerse a trabajar, consecuentemente, en el mes de noviembre los tres hombres se citaron en el apartamento de Vsevolozhsky y pocos días después, el compositor recibió de Petipa una sinopsis del argumento con todos los requerimientos expresados hasta el último detalle. Se trataba de directrices muy concretas acerca del tempo, la métrica, así como otras cuestiones musicales. Incluso especificó la longitud de determinadas piezas señalando un número exacto de compases, también pidió un vals en el acto I, una mazurka en el acto 2 y una polonesa en el acto III.


Aquello estimuló la imaginación de Tchaikovsky, en lugar de obstaculizar su labor, y pudo comenzar a trabajar sin más pérdida de tiempo. Afortunadamente, no tardó en descubrir que el tema era muy poético y de su gusto, y según su hermano Modesto, desde la ópera Eugene Onegin, no había trabajo con tanta inspiración en ninguna de sus obras. Los cuatro primeros cuadros fueron terminados en el curso de otras tantas semanas, y aunque hubo momentos de depresión para el autor, un hecho bastante frecuente en su vida creadora, e incluso la orquestación pareció darle algún trabajo, consiguió terminar la partitura, según hace constar su hermano, hacia fines de agosto de 1889.

Vsevolozhsky se había propuesto desde un principio asombrar al público con una representación fastuosa, que a las excelencias de la partitura original uniera la elegancia de unos decorados y un vestuario fuera de serie que él mismo pensaba diseñar. Tchaikovsky, por su parte, estaba cada vez más convencido de que había compuesto una de sus mejores partituras y durante los ensayos comprobó con entusiasmo que el ballet tomaba cuerpo satisfactoriamente, no sólo por la calidad evidente de la música, sino gracias al genio creador de Petipa, el excepcional coreógrafo. Toda la compañía confiaba en un triunfo apoteósico del ballet y este triunfo parecía sobradamente justificado.


Tras una serie de demoras, provocadas en gran parte por la envergadura de la producción, el ensayo con el vestuario tuvo lugar finalmente el 30 de diciembre de 1890 y el ensayo general, presidido por el Zar, el 2 de enero de 1890. Aunque el Zar quedó muy impresionado por la magna representación, no pareció valorar la partitura en su justa medida, pues al serle presentado el compositor al terminar la función, le recibió con condescendencia, limitándose a exclamar: ¡Muy bonito! El día del estreno oficial de la obra, que tuvo lugar a la noche siguiente, la opinión del público pareció coincidir con la del Zar. La concepción y puesta en escena del ballet resultó chocantemente moderna para su época, y aunque la prensa lo recibió con buenas críticas, de nuevo Tchaikovsky se sintió defraudado y dolido por la poco entusiasta aceptación de su segundo ballet, en el que había puesto tanta ilusión y esperanzas.

Tchaikovsky murió tres años después del estreno de La Bella Durmiente, sin poder ver como una década más tarde, su querido ballet llegaba a las doscientas representaciones. El compositor estaba en lo cierto, esta es una de sus mejores obras en la que se une la belleza de las melodías, con la originalidad y una espléndida orquestación; su música trasciende el espectáculo visual y escénico porque en si misma es una gran obra sinfónica.

En noviembre de 1921 Sergei Diaghilev escenificó esta obra maestra en el Teatro Alhambra de Londres con un suntuoso montaje de León Bakst, pero tal vez por su excesiva duración, o que el propio Diaghilev había acostumbrado al público con obras de un solo acto y una estructura diferente, nuevamente el éxito obtenido sólo se pudo calificar de discreto. Empresario perspicaz, Diaghilev presentó al año siguiente "Las bodas de Aurora", una reducción del ballet con los festejos del acto final y algunas danzas añadidas, que obtuvo muy favorable acogida y siguió representándose con frecuencia. Con el paso del tiempo el ballet fue sufriendo otras alteraciones y adaptaciones, según las diferentes compañías que lo presentaban y también a requerimiento de los solistas intérpretes.

El 2 de febrero 1939 el Sadler Wells puso en escena el ballet en Londres con Margot Fonteyn en el papel principal. Esta fue la primera producción de éxito fuera de Rusia casi cincuenta años después de su estreno y llevó a La bella durmiente a alcanzar una gran popularidad. Esta Compañía ha representado la versión completa del ballet infinidad de veces y la que se ciñe lo más posible a la concepción original de la obra de Petipa -Tchaikovsky.


El ballet La Bella durmiente se inicia de forma espléndida con el tema que más adelante se asociará al hada Carabús, prosigue con un romántico andantino un leitmotiv que identificará al hada Lila durante toda la obra, y termina en un finale con un tremendo climax.

PROLOGO - El Bautismo

Estamos en el siglo XVII. El telón se levanta sobre la Gran Sala de la Corte del Rey Florestán XIV en el curso de los festejos del bautismo de la Princesa Aurora.
Los invitados entran a los compases de una solemne marcha y Catalabutte, el maestro de ceremonias, les va asignando sus asientos correspondientes. Una fanfarria anuncia la entrada de los dos soberanos, que tras aproximarse unos instantes a la cuna de la princesita se instalan en el trono, preparándose para recibir a las seis hadas madrinas de la princesa, que hacen ahora su aparición. Les acompañan sus pajes portando valiosos regalos para su ahijada. El Hada Lila avanza en último lugar al compás de una melodía más airosa e importante.
Está apunto de acercarse a la cuna cuando un paje entra corriendo para anunciar la intempestiva llegada del hada mala Carabús, a la que no se ha invitado. Carabús aparece en un carruaje tirado por ratas chillonas, es fea y vieja y procede a tirar del pelo a Catalabutte como castigo por haber olvidado invitarla. Volviéndose a los soberanos les dice que, aunque no le han llamado, no desea que a la princesa Aurora le falte su regalo. La princesa, añade en tono premonitorio, agitando su tieso dedo, se convertirá en una joven bellísima, llena de gracia y encanto como han predecido las otras hadas, pero si un día se pinchara con un huso caería en un profundo sueño del que no despertaría jamás.


El asombro de los asistentes no conoce limite quedando todos inmóviles y aterrados, pero Carabús, triunfal y desdeñosa se ríe maléficamente mientras sus ratas bailan ahora a los diabólicos sones de la orquesta.Carabús intenta acercarse a la cuna de Aurora, pero interviene el hada Lila y con su poder le obliga a retirarse rezongando. El hada Lila que aún no había ofrecido sus dones a la princesita, anuncia a los consternados padres que a pesar de la maldición de Carabús, Aurora no morirá, sino que permanecerá en un estado de sueño durante cien años del cual la despertará finalmente con el beso de un príncipe que la ame sinceramente.

ACTO I - La maldición

El telón se levanta sobre los jardines del palacio real. Los pueblerinos se reúnen en torno a las verjas para felicitar a la Princesa Aurora en su decimosexto cumpleaños. A Catalabutte le horrorizan las agujas de tejer con que se acompañan algunas pueblerinas y se apresura a confiscárselas, ya que a raiz de la maldición de Carabús está prohibido, por decreto real, utilizar cualquier tipo de aujas o útiles punzantes bajo pena de muerte. Al llegar el rey y la reina, Catalabutte intenta ocultar las agujas, pero los soberanos, sospechando de su actitud, le fuerzan a hablar y al conocer las razones de su extraña conducta amenazan con castigar a muerte a quienes han incurrido en tan grave pena, aunque el recuerdo de la celebración del cumpleaños de su hija consigue aplacar su ira y deciden dejar de lado el asunto, por el momento.

A continuación se ejecuta un hermoso vals bailado por los pueblerinos con guirnaldas de flores. Los cuatro príncipes que han venido para pedir la mano de la Princesa Aurora se acercan con sus solicitudes hacia el rey y la reina. La princesa, que hace su entrada, saluda a sus padres y los cuatro príncipes le son presentados. Los príncipes bailan por turno con Aurora, tratando de ganar sus favores. El primer baile es el famoso adagio de la rosa, llamado así porque en el transcurso del mismo los cuatro píncipes ofrecen a Aurora una rosa cada uno.


Sigue una danza de las damas de honor y los pajes, la variación de Aurora y una coda, en que las damas de honor prosiguen con su baile mientras Aurora se mezcla con los demás asistentes a la fiesta. Una vieja encorvada, cubierta con una amplia capa, le muestra entonces un uso, instrumento que maravilla a la joven que no había visto cosa igual, lo toma en sus manos y sucede lo inevitable: se pincha con la aguja en un dedo. La orquesta nos da una referencia a la maldición del hada mala. Aurora cae desfallecida, pero aún consigue volver a ponerse en pie para girar rápidamente en un vertiginoso movimiento tras lo cual cae por fin al suelo exánime.


En medio de la consternación general, el rey y la reina se agitan de dolor. La vieja, causante de lo sucedido, revela su verdadera identidad: es Carabús. Pero cuando los cuatro príncipes desenvainan sus espadas para atacarla, se convierte en una llama y desaparece en el aire. En este preciso momento hace su entrada el hada Lila a los compases de su "leitmotiv" y a una orden suya Aurora es llevada al interior del palacio, donde según el hada la princesa dormirá por espacio de cien años y con ella los demás habitantes del castillo; el día que despierte gracias al beso de un príncipe, despertarán también todos. La música aumenta en intesidad enriquecida con poderosas fanfarrias. El hada agita su varita mágica y todos los personajes quedan petrificados justamente en la actitud que tenían en ese preciso momento. Arboles y matorrales empiezan a crecer desmesuradamente hasta cubrir la totalidad del castillo de modo que la feraz vegetación oculta totalmente sus muros a la vista. La música se va calmando poco a poco, con murmullos que semejan a la brisa atravesando las ramas.


ACTO II - La visión

El telón se levanta sobre un claro del bosque a la orilla de un torrente. Han transcurrido cien años.
Se oyen los cornos de caza y poco después aparecen los cazadores acompañados de un grupo de pueblerinos. El Príncipe Desiré llega en compañía de su tutor Gallison. Este propone que jueguen a la gallina ciega, ofreciéndose a ser el primero al que le tapen los ojos. Mientras el juego tiene lugar en un clima de animación, el príncipe permanece distraído y en silencio a un lado. Al terminar la diversión se ejecutan varias danzas, durante las cuales las damas del séquito tratan de atraer la atención del príncipe.

Las damas sugieren que se baile una farándola al estilo de los pueblerinos y en la danza participan por igual nobles y plebeyos. Al terminar la farándola todos se dispersan para reanudar la cacería, con excepción del príncipe, que permanece rezagado a solas con su melancólica soledad. El tema del hada Lila se oye de nuevo, apareciendo ella en su barca de madreperla. Acercándose al príncipe le pregunta si su corazón aún está libre, y al oir la respuesta afirmativa le informa que en la vecindad hay una hermosa princesa que ha dormido cien años.

Seguidamente, el hada consigue que Aurora se aparezca al príncipe, que queda sobrecogido por la visión. El príncipe trata de acercarse a ella, pero las hadas no lo permiten. Desiré suplica al hada Lila que le lleve junto a Aurora y ella consiente subiendo los dos a la barca de madreperla. Sigue un maravilloso pasaje (panorama) que sirve de acompañamiento al viaje del príncipe y el hada a los dominios de la Bella Durmiente. Viajando a tarvés del bosque llegan hasta el castillo encantado y una vez allí y a los pies de la cama donde duerme Aurora el príncipe enamorado besa a la hermosa princesa. La maldición se ha roto, el sombrío e impenetrable bosque desaparece, las estancias se iluminan con la claridad radiante del sol y los reyes, los cortesanos y los sirvientes cobran vida nuevamente.


ACTO III - La boda

A los compases de una festiva marcha aparece Catalabutte encabezando una procesión de nobles y cortesanos. Habiendo consentido en la boda de Aurora con el príncipe Desiré, el rey y la reina se situan en el trono. Los invitados entran en compañia de personajes de otros cuentos de Perrault a los acordes de una solemne polonesa.
A continuación aparecen las hadas de Plata, Oro, Zafiro y Diamante y cada una baila su variación. Siguen el Gato con Botas y el Gato Blanco, el adagio con El Pájaro Azul y la Princesa Florina y las variaciónes correspondientes. Después bailan Caperucita Roja y el Lobo, Pulgarcito, Cenicienta y el Príncipe Afortunado. Finalizan las danzas con el pas de deux de los felices novios: la Princesa Aurora y el Príncipe Desiré. Suenan una sarabande y una mazurka bailada por todos los presentes y la apoteosis con que concluye el Ballet.

2 comentarios:

Eme San dijo...

Muchas gracias por esta entrada, estaba buscando esta información desde hace tiempo

Myrön Geovanny Castro González dijo...

La Verdad muy hermoso, siempre amaré la música de Tchaikovsky, gracias por el artículo.