25 noviembre 2008

Franz Joseph Haydn ( 1 )


El chico mayor de los Haydn canta como una corneja, se lamentó la emperatriz María Teresa de Austria, cierto día de 1748. Al igual que todos los vieneses de la época, la Emperatriz era una apasionada de la música y se interesaba especialmente por el coro que cantaba a diario en la misa de la catedral de San Esteban. El mayor de los Haydn, Franz Joseph de nombre, pero apodado "Sepperl", tenía entonces dieciseis años de edad y le estaba cambiando la voz.
Karl Georg Reutter, el mezquino director musical de San Esteban, propuso una solución: si sometían al joven Sepperl a una sencilla operación quirúrgica, el joven podría hacer carrera como soprano y quizá, llegar a gran figura de la ópera. (La castración consigue que la voz masculina no pase del timbre de soprano, a la vez que la más profunda cavidad torácica del varón le permite efectos imposibles de lograr para una cantante del sexo femenino.) El padre de Sepperl acudió precipitadamente desde el campo para impedir que aquel plan se llevara a efecto.
Catedral de San Esteban.

Poco tiempo después Reutter prescindió definitivamente del joven. Este, por una simple travesura, había cortado la coleta al muchacho que estaba delante de él en el coro, y el director propinó a Sepperl una soberana tunda y le echó del grupo.
Corría el año de 1749 cuando la carrera de Haydn como cantante llegó a su fin. Las condiciones de vida de un músico eran entonces muy distintas de las actuales. Los compositores no eran espíritus privilegiados que se sentaban en la soledad de sus estudios para crear obras maestras destinadas a la posteridad. Componían por encargo, por lo general para ocasiones determinadas, y la forma más segura que tenían para no morirse de hambre era ponerse al servicio de algún noble con aficiones musicales. Haydn pasó la mayor parte de su vida de compositor, casi treinta años, al servicio de los príncipes de Esterházy; vestía la librea de la casa y todas las mañanas debía presentarse ante ellos para recibir órdenes: Haydn, nos hace falta una nueva sinfonía para el més próximo...Franz Joseph Hadyn era hombre sencillo, de carácter tranquilo, alegre y siempre generoso, no sólo con sus parientes, sinó también con otros músicos, que le trataban con reverente afecto. Fue, en pocas palabras, uno de los genios más amables de los anales de la música.

Casa natal de Haydn en Rohrau.
Haydn nació en 1732 en Rohrau, localidad situada no lejos de la frontera austro-húngara. Su padre ejercía el oficio de carretero y reparaba los carruajes del señor del lugar; su madre había sido cocinera en la finca del conde. Los Haydn tuvieron doce hijos y sólo seis llegaría a la edad madura, pero el dinero no llegaba con la misma facilidad. No obstante, los padres de Franz Joseph inculcaron a éste el gusto por el trabajo y la música y los beneficios de la disciplina.
El padre tocaba el arpa y, todas las noches, reunía a la familia en torno suyo para cantar todos juntos. Una tarde fue a verles un primo, Johann Matthias Franck, organista de la vecina población de Hainburg, y quedó impresionado por la voz de Sepperl, agradable, aunque débil (según diría el propio Haydn). A pesar de las lamentaciones de la señora Haydn, que deseaba la carrera eclesiástica para su primogénito, Sepperl partió de su casa en compañía de Franck con el propósito de estudiar música. Tenía, a la sazón, seis años de edad.
Según sus propios recuerdos, Haydn se presentó por vez primera vez en público bajo los auspicios de Franck; el tambor de la banda cayó enfermo la víspera de la procesión del día de la Ascensión. Joseph aprendió a tocar el tambor en una noche, batiendo un trozo de tela atirantada sobre una barrica de harina. Fue el mejor de la banda. Durante toda su vida hablaría con orgullo de su habilidad para tocar el tambor; cincuenta años después, el entonces famoso compositor asombró a la orquesta, durante un ensayo, al abandonar el podio para demostrar a sus músicos lo que era posible hacer con un par de palillos.
Haydn llevaba dos años en Hainburg cuando Reutter, de visita en casa de su amigo Franck, oyó cantar al chico, e inmediatamente tomó las disposiciones necesarias para que el precoz cantor se incorporase al coro de San Esteban. Cuando, nueve años después, Reutter lo echó a la calle, un bondadoso cantante que había cantado varias veces en el coro, se lo encontró tiritando en un banco y lo llevó a su buhardilla. Haydn viviría muchas veces en parecidos sitios durante los años siguientes, tratando de ganar unas monedas dando lecciones de música y acompañando a otros músicos, cesantes como él, en conciertos al aire libre denominados serenades.


Aquellos conciertos eran una verdadera escuela para un joven compositor lleno de aspiraciones como Haydn, quien dedicaba al estudio todas las horas que la necesidad de ganarse la vida le dejaban libre. Las serenades vienesas tenían que ser alegres y animadas si aspiraban a complacer al exigente público, y su autor debía saber y tener presente las posibilidades instrumentales y las de los ejecutantes de que disponía.
Al tratar de conseguir esos fines, Hadyn fue desarrollando las características que distinguirían posteriormente toda su obra: una alegría estimulante, el gusto por los efectos de sorpresa y un profundo conocimiento de todos los instrumentos de la orquesta. El joven pasó ocho años de hambre antes de labrarse una posición en la vida.
En 1757, el barón von Fürnberg le contrató para que diera lecciones de música a su familia. Por primera vez, Haydn tenía tiempo para escribir con relativa tranquilidad, y no tardó en hacer historia al componer lo que probablemente fue el primer cuarteto para cuerda jamás escrito. Pronto corrió la voz en torno al tesoro que von Fürnber tenía en su casa, y el conde Morzin, que patrocinaba un modesto conjunto musical en su castillo de Bohemia, ofreció a Haydn un empleo mejor. Allí compuso quizá Franz Joseph las cinco primeras sinfonías de las 107 que que habría de escribir. También fue entonces cuando el músico cometió el error capital de su vida: casarse.

A la edad de veintiocho años se enamoró de la hija de un peluquero, Therese Keller, a la que venía dando clases de música. Por desgracia, Therese había decidido meterse monja, y el peluquero convenció al joven compositor de que, a falta de áquella, tomara por esposa a su hermana, María Anna. Esta resultó ser una mujer tacaña, intolerante y mogigata, incapaz de dar a Haydn amor ni hijos y que por añadidura, no tenía interés alguno por la música. Durante cuarenta años, María Anna tuvo a su marido en un estado que oscilaba violentamente entre la resignación y la furia sorda.

Poco después de la boda, la ejecución de Haydn de una de sus obras causó gran impresión al príncipe Paul Anton Esterházy, noble húngaro dueño de inmensa fortuna. En 1761, el príncipe invitó a Haydn a hacerse cargo de sus actividades musicales. El compositor debía dirigir de dieciocho a veintidós instrumentistas y cantantes residentes, en dos óperas y dos conciertos cada semana, en el palacio Esterházy, en Eisenstadt; además, era resposabilidad suya llevar archivos, copiar partituras y asegurarse de que los instrumentos estuvieran afinados.


El magnífico palacio de los príncipes Esterházy.

J.Haydn - Cello Concerto No.2 in D major, Hob.VIIb:2

Mstislav Rostropovich (1927-2007) Academy of St Martin in the Fields-Henry Wood Hall, London - November 1975

2 comentarios:

Milciades Palmer Rodriguez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Milciades Palmer Rodriguez dijo...

Exquisito articulo; este y la parte 2.