
En el año 1964 Christian Ferras empieza sus grabaciones con el sello Deutsche Grammophon junto a la Orquesta Filarmónica de Berlín y bajo la batuta de Herbert von Karajan. En principio son programados veinte conciertos, aunque al final sólo se realizaron seis: los de Brahms, Sibelius, Tchaikovsky, Beethoven y dos de Bach. Con la misma discográfica graba también las Sonatas de Brahms, de Schumann , de Cesar Franck y de Lekeu; todas formarán parte de las interpretaciones del dúo violín-piano consideradas magistrales.

En 1967 su notoriedad le ofrece el privilegio de ser invitado por el rey de Dinamarca para tocar en la boda de su hija la princesa Margarita. El año siguiente recibe una invitación de Farah Diba, esposa del Sha de Persia para tocar en el Festival de Persépolis. Solista invitado en la primera gira de la Orquesta de París en Estados Unidos, la muerte repentina de su director Charles Munch les obliga a regresar anticipadamente a Francia. El 28 de noviembre recibe en el Hotel de Ville de París, el Premio de la Academia del disco francés.
Durante el próximo decenio disminuye considerablemente su actividad de concertista, pasa de curas de desintoxicación a tentativas de reanudar su carrera, pero sus facultades están afectadas, ya no toca como antes y esto empeora su estado de ánimo. Escasean los contratos y las discográficas no lo solicitan para nuevas grabaciones. No es fácil comprender lo que experimenta una persona que ha vivido largo tiempo el esplendor de sus dotes artísticas, encontrarse en esta situación.
Vista de París, donde estudió y vivió Christian FerrasDespués de una larga ausencia, reaparece en la escena parisién el 9 de marzo de 1982 con el pianista Alain Lefèvre, aunque su verdadero retorno es el 6 de mayo en la Sala Gaveau. De nuevo con Pierre Barbizet, ofrece un concierto memorable ante el más selecto público de París. A pesar del éxito conseguido, el terrible mal está oculto en el fondo de su alma. Ofrecerá su último concierto el 25 de agosto en la ciudad francesa de Vichy. Tres semanas después, el 14 de Setiembre de 1982, en un día triste para los amantes de la música, Christian Ferras pone fin a su vida. Tenía cuarenta y nueve años.
Se conoce poco de la existencia personal de Ferras. Niño extremadamente dotado, trabajó intensamente en el estudio del violín, bajo la exigente tutela de su padre, también violinista. Su vida entera se consagró a la música, tanto en su infancia como de adulto. Se compadecía a menudo, en particular a sus alumnos de Conservatorio, de haber tenido todo demasiado deprisa. Muy joven, había conocido el éxito, viajado y ganado pronto suficiente dinero para poder ofrecerse todo lo que deseaba y eso lo dejó rápidamente hastiado. Siempre se sintió muy solo, su matrimonio no fue feliz, no tuvo hijos y hablaba de su perro casi como de su hijo. La enorme presión de las giras, los conciertos, viajes, le hizo buscar refugio en el alcohol y al final hundirse en una grave depresión nerviosa.

Considerado el último representante de la escuela de violín franco-belga, quizá este título correspondería mejor a Arthur Grumiaux, el cual perpetúa la tradición. Christian Ferras transfigura el repertorio y realiza una síntesis de diferentes influencias que se conoce cono el "estilo Ferras", mezcla única y contrastada de juventud, consistencia musical, intensidad e intuición. Pocos violinistas saben infundir tanta pasión a la música y dejar su sello personal en las obras que toca. Dificilmente superables son sus registros del Tzigane de Ravel, la Sinfonía Española de Lalo o el Poema y el Concierto de Chausson.
Artista apasionado e instintivo, no hacía nunca grandes y largas investigaciones sobre las obras con el fin de saber como debía interpretarlas. Prefería tocar como lo sentía, confiándose a su instinto de músico y a sus propios gustos. Pierre Barbizet contaba que no justificaba nunca la elección de sus interpretaciones hablando de lo que habrían hecho los músicos de la época o de lo que habría querido oir el compositor. No dudaba en cambiar el texto (matices, fraseado, notas) diciendo solamente: "esto suena mejor así", lo que hace sus registros tan personales.

Cesar Franck, Sonata para violín y piano. Christian Ferras y Pierre Barbizet






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