15 noviembre 2009

Brahms: Concierto para violín y orquesta


Joseph Joachim en un dibujo de Menzel (1853)

El público inglés fue uno de los primeros que reconoció la genialidad del concierto para violín y orquesta de Brahms. El compositor no era un gran viajero debido al más prosáico de los motivos: temía el mareo y no tenía facilidad para los idiomas. Visitó Holanda y Suiza donde halló pocas, sino ninguna, dificultades de lenguaje y fue un ferviente enamorado de Italia. Pero no pudo ser persuadido a cruzar el Canal de la Mancha como hicieron Haendel, Weber y Mendelssohn. Uno de los que más se esforzaron en inducir a Brahms a visitar Inglaterra fue Friedrich Chrysander. En una carta fechada el 10 de noviembre de 1879, tras referirse a los "amigos ingleses" de Brahms, dijo: Vd. puede muy bien denominarlos así ya que han escuchado por dos veces su concierto para violín con gran inteligencia, mientras que los buenos hamburgueses todavía no sabían como tomárselo.

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La sala Gewandhaus de Leipzig


Brahms tenía 46 años cuando en 1879 el concierto para violín fue estrenado en un concierto en la sala Gewandhaus de Leipzig, con Joseph Joachim como solista y el compositor asumiendo la dirección. Por aquel entonces se encontraba en la cúspide de su carrera de compositor orquestal. Las dos primeras sinfonías y el primer concierto para piano habían sido ya escritos y las otras dos sinfonías, el segundo concierto para piano y el doble concierto para violín y violoncelo aparecieron en la década siguiente.
Brahms amaba Viena, ciudad que visitió en 1862 y en la cual fijó posteriormente su residencia. Pero también amaba sus "vacaciones veraniegas" donde quiera que fuere, algunas veces junto al mar, pero más a menudo tierra adentro, en las montañas, lagos y rios; parece ser que jamás fue tan feliz como en las vacaciones que pasó en Pörtschach, junto al lago Wörther, donde tres de sus más geniales composiciones fueron escritas en su mayor parte. Allí encontró no sólo un apacible lugar en el cual poder trabajar, sino también una sociedad, tanto local como de visitantes, que fue de su mayor agrado.


Vista de Pörtschach


Brahms se dirigió por primera vez a Pörtschach en 1877 y el resultado fue la segunda sinfonía. Regresó al año siguiente y escribió el concierto para violín. Su última estancia fue en 1879 y produjo la hermosa primera sonata para violín y piano, opus 78. Sin embargo, no volvió a aquella localidad debido a que se estaba convirtiendo -¡ya en aquella época!- en demasiado popular para los turistas.

Al principio los solistas, con la excepción de Joachim, para qien el concierto fue escrito y que fue frecuentemente consultado sobre aspectos técnicos durante su composición, contemplaban con aversión el nuevo concierto. Era "atrozmente difícil"; era un concierto "no para el violín, sino contra el violín". Posteriormente Huberman dijo que no era ni para ni contra el violín, sino "para el violín contra la orquesta, con la victoria del violín". Incluso el gran Sarasate no tuvo nada que hacer con el nuevo concierto. En la actalidad, como es natural, ha ocupado el puesto que le corresponde; junto al concierto de Beethoven se halla en la cúspide de todas las composiciones para violín y orquesta.



Movimiento primero - Allegro non troppo

El tutti inicial es de considerable extensión. Al principio, los fagotes, violas y violocencelos anuncian una serena melodía la cual se eleva para volver a descender, dentro del rango de re mayor. Sin embargo, no ha sido completamente desarrollada, cosa que tiene lugar despues de la entrada del solista. Luego aparece un motivo fluyente que primeramente se escucha en el obóe y más tarde un tema más enérgico. Todos ellos son desarrollados con considerable apasionamiento antes de que el solista entre con una cadencia en arpeggiando para restablecer el primer tema y discurrir sobre el restante material que se ha escuchado previamente en la orquesta.
Una enfática doble pausa del solista conduce al segundo motivo, tras el cual el violín nos presenta un bello tema, completamente nuevo. La música se sume gradualmente en un contemplativo pianissimo pero en última instancia la exposición finaliza de manera tormentosa a efectos de preparar el camino para la sección de desarrollo, la cual es iniciada por el solista mediante una pequeña melodía angular. El violín y la orquesta se combinan para crear una excitada culminación antes de que la cadencia sea alcanzada. Brahms no escribió su propia cadencia y la que normalmente se ejecuta es la escita por Joachim. La coda, la cual se basa en el tema incial, comienza quedamente pero culmina en una triunfal exaltación.

El lago Wörther en Pörtschach


Movimiento segundo - Adagio

El segundo movimiento es una extensa canción, una canción de paz, calma y contento pero es menos una canción para el violín con acompañamiento orquestal que una canción para la orquesta bordada por el instrumento solista. Este movimiento a menudo ha sido criticado, habíendosele tachado de demasiado leve visto el contexto general, pero Sir Donald Tovey, en su obra "Ensayos de análisis musical" pone las cosas en su lugar cuando afirma: "La razón por la cual algunos críticos han pensado que el movimiento era demasiado leve se debe a que en realidad se trata de un movimiento gigantesco".
Posiblemente, fue la propia denigración del compositor hacia este movimiento lo que dio pábulo a las críticas. Parece ser que Brahms originalmente tuvo la intención de dotar a la obra con cuatro movimientos. En una carta manifiesta que "los movimientos centrales han desaparecido y por supuesto eran los mejores" y luego añade: "En su lugar he escrito un debil Adagio". Por desgracia, nunca conoceremos estos dos movimientos ya que sin duda Brahms los destruyó como muchas otras de sus composiciones.
El tema principal del Adagio es presentado por el obóe y es de notar que desde el principio al fin del movimiento el solista no interviene de una manera completa. Hay un pasaje particularmente encantador en el cual una forma modificada de este tema es el motivo de un diálogo entre el solista y la trompa.

Movimiento tercero - Allegro giocoso ma non troppo vivace


El final es de forma de Rondó y su sabor húngaro bien puede ser un cumplico a Joachim quien era húngaro de nacimiento (y arregló algunas de las danzas húngaras de Brahms para violín solo). Tanto el primero como segundo motivo son vivaces y vigorosos y discurren entre el solista y la orquesta. Una forma más gentil y graciosa es presentada en la parte central pero pronto se reafirma la alegría general y tras una cadencia y un episodio en forma de marcha, tres acordes anuncian el final de esta magnífica composición, la cual, mientras jamás cesa en su virtusismo como objetivo primordial, impone como tributo la mayor fuerza y destreza a los más grandes violinistas.



Johannes Brahms, Concierto en re mayor, opus 77, para violín y orquesta.